
Susan Sontag engendró uno de los ensayos más lúcidos de la historia del siglo XX en relación con el arte: “contra la interpretación”. El otro, lo gestó sin querer, Vincent Van Gogh en su famosísima correspondencia a su hermano Théo. Si bien ambos representan polos opuestos a la hora de relacionarse con el séptimo arte pues la americana lleva a cabo una disertación profunda sobre el cómo acercarse al cuadro, mientras el holandés teoriza sesudamente sobre la experiencia derivada de la percepción sensorial de la composición pictórica, ambos van de la mano en su antagonismo espectador/creador. El qué siento con el cómo lo siento.
Tranquilos, esto no es un ensayo. Es que la última exposición de Jeff Koons me ha dejado patidifusa y necesitaba tirar de hemeroteca académico emocional. Era eso o pedir cita al endocrino. Porque aquello terminó todo en el colon sigmoide.
Empecé a sentir el runrún gastrointestinal desde la primera sala donde estaba el perro fucsia metalizado. Esperpento que perfectamente podría adquirirse en un bazar chino o contratarse a modo de hinchable de autor para los niños cataríes. Lo único reseñable era el logradísimo color fucsia que mataría por llevarlo como esmalte de uñas. Barbiecore total.
«Los tulipanes » situados en el exterior – tulips en versión original- que tranquilamente podrían haberse llamado «los tuberculosos«, pues su mera visión estaba afectando a mis pulmones fruto de la interacción del agente exógeno ( el tubérculo arco iris) y la respuesta inmunitaria de mi cuerpo (la asfixia), vienen a ser más de lo mismo: lacas de pensamiento.
Menos mal que la sala situada en el piso superior promete, aunque para ello tenga que pasar por delante del conejo plata, pariente lejano del perro, que al menos ha resultado útil porque me sirve de espejo. Pena que las pelotas de baloncesto estén metidas en una urna. Otra joyita de mercado público persa. Con gusto me hubiera lavado las manos. Seguro que el moco que acababa de quitarme gracias al conejo, suspendido en el agua entre las pelotas, desequilibraba el asunto (“Equilibrium Tank” se llamaban las jodidas).
La Sontag decía que el arte verdadero tenía el poder de ponernos nerviosos. Ahora viene la Cicciolina. Seguro que ahora lo entiendo todo. Unas buenas tetas no dejan indiferente a nadie. Ni siquiera si eres mujer. Pero no. Aquello, seas del sexo que seas, resultaría excitante únicamente para la bragueta de un gusano bajo tierra. La gigantografía de ellos dos en pleno acto, y su representación realista a modo de escultura neo pop, eran de visionado único para gente diagnosticada de cataratas o individuos con lesiones ópticas congénitas. “Buena parte del arte actual debe entenderse como producto de una huida de la interpretación”. Y tanto Susan. El súper dinosaurio en movimiento del Toys r us tenía más análisis (y morbo) que esto.
Perdona, ¿qué dices? “El arte es el hombre agregado a la naturaleza “. No sé que decirte Vincent. Entonces casi prefiero estar desagregada. Como decirte… para mí el arte es la estética de la inteligencia.
Con lo fácil que sería plantar un Cattelan en mitad de la sala. No existe nada más genuino, atemporal y realista que el arte de lo propio al servicio de la naturaleza. Eso sí que es arte.
Al final, tenía razón el de los girasoles.