LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Feminismo de palo

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A veces desearíamos no habernos dejado la puerta abierta.                                                           

La bofetada que Brigitte Macron propinó a su marido, Emmanuel Macron, a punto de descender por la escalinata del avión oficial, dejó al descubierto una intimidad velada para los que hacen de su profesión una presunción de su virtuosismo extensible a sus esferas privadas. Como si las capacidades presumibles al cargo del presidente de la República- liderazgo, ejemplaridad, integridad entre otras- confinaran al hombre bajo semejantes cualidades. Como si exportar la coherencia entre el ello, el yo, y el superyó, fuera posible. Que se lo expliquen a Freud.                                                                                                                                                                          

La comunicación política resulta tan milimétrica que tan solo algún micrófono abierto, el ojo avizor de algún fotoperiodista, o algún off the record es capaz de erosionarla. Y a veces, ni eso. El fotograma congelado- posbofetada- de la cara de Emmanuel Macron con la mirada al frente asimilando que estaba en streaming, no tiene desperdicio.                                                                                                                                 

Mi primera reacción fue de auténtico placer. Mea culpa. Las aristas de quien procura discreción y distinción a su vida, me suben la bilirrubina. Al margen de que a quién admiro y tropieza, resulta doblemente admirado/a por su condición de homo sapiens. Ciertamente Macron no es Napoleón ni De Gaulle, pero dirige una nación – y qué nación-. Tal vez sea cosa de mi marginalidad. Pessoa decía que no hay que hacerse de los grandes hombres esa idea heroica que se forman las almas simples.                                                                                                                                                           

Siempre naufrago en la mirada hacia el otro. Semejantes que encarnando todo cuanto deseando yo, atraviesan el plasma del salón a la hora de la cena señalando el ayuno. Quién sueña con embarcarse en el Nautilus o en la Hispaniola, y acaba siendo Lucía Berlín, tiene un problema. El telediario arroja destinos tan extraordinarios, que llegan a poner en duda un antepasado común. Ríanse de Atapuerca.                                                                                                                                        

Existen parejas que nos recuerdan que el amor para toda la vida es posible, que habiendo superado obstáculos cinematográficos casi- veinticinco años de diferencia, un matrimonio y tres hijos ella, oriundos de un pueblo donde el escándalo estaba servido… oh là là– resultan ser de carne y hueso. Hasta que llegó la bofetada… y el feminismo enmudeció. Seamos claros. ¿Qué hubiera sucedido si la bofetada se la hubiera propinado él a ella? Yo digo que acaba como Robespierre.                                                                                                                                                                   

¿Dónde quedan los fundamentos ontológicos del feminismo? La igualdad y y todo eso. ¿Dónde queda la manada feminista rechazando cualquier tipo de violencia? ¿O no se trata de una agresión? ¿Cómo lo llamamos entonces? Yo siempre dudo con el titular. Me lío si es intrafamiliar, machista, sexista, vicaria… pero no titubeo a la hora de calificar su naturaleza. La violencia, más allá de su execrable naturalización imbricada bajo nuevos viales (invisible, hostil, simbólica) sacude a todo ser humano con ojos. Sin excepción.                                                                                                         

Si algo nos ha enseñado el feminismo de la cuarta ola, es a identificar nuevas formas de violencia contra las mujeres: violencia económica y patrimonial, violencia institucional, violencia laboral, violencia contra los derechos sexuales y reproductivos… Y ahora va a resultar que la más elemental de todas- aquella que se ejerce contra otro ser humano que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico-, no lo es.                                                                  

Más allá del chisme o el morbo informativo, la complicidad del feminismo en este asunto resulta deleznable, reprobable y profundamente decepcionante. Probatorio de ese mal endémico que nos está conduciendo a la atomización del feminismo; ese feminismo “oficialista” que emana de nuestras instituciones (el del gobierno multinivel: estatal, autonómico y municipal), y de kilómetro cero (asociaciones y grupos feministas), que representando a todas y a todos bajo preceptos de igualdad- negando el hembrismo-, se ha revelado exculpatorio por tratarse de una mujer. Negando la mayor, haciendo mutis por el foro- naturalizando la violencia hacía el hombre-, valiéndose de sus correas de transmisión con fines espurios.                                                                                                                                        

El feminismo 4.0 lleva tiempo radicalizándose, tan inclusivo que ya no hablamos de “feminismo”, sino de “feminismos”, en plural, queriendo representar a tantos y tantas- a todos y a ninguna- que ha acabado por hacer de su indefinición y su divagación, su puño en alto. Feminismo panfletario que a falta de un corpus teórico reconocible, y una práctica en consonancia, confunde su definición exacta (su sentido original) en aras de contentar a todas sin dejar satisfecha a ninguna.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».