LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Política sexual

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Si encomendáramos a la inteligencia artificial la tarea de crear desde cero una identidad humana presidenciable que rimando con el Zeitgest actual encarnara un prototipo ad hoc basado en los pilares fundacionales de los Estados Unidos -liberalismo moderno, democracia federalista y separación de poderes basada en la Constitución de 1787- nos saldría una Kamala Harris.

Kamala, pronunciado correctamente, en esdrújulo, y no “Kumala” como se empeña en llamarla Donald Trump con ánimo de hacerla parecer una bastarda extranjera, responde al prototipo de candidata política más ajustado de los últimos tiempos: descendiente de inmigrantes pertenecientes a dos minorías raciales-hija de jamaicano y de india-, docta en leyes (fiscal del distrito de San Francisco y fiscal general por el estado de California), ex senadora, primera vicepresidenta estadounidense afroamericana en acceder al cargo…y mujer. Cierto que pertenecer al segundo sexo no fue aval suficiente para ganar las elecciones de 2016, pero es que Hillary Clinton, a pesar de provenir del aparato político demócrata y del establishment subyacente, parecía más un personaje de “El gran Gatsby” que uno recién salido de las “Uvas de la Ira” de John Steinbeck; novela preferida de Obama, por cierto.                                                             

 Si nada lo impide-un tercer intento de acabar con la vida del candidato Donald Trump de saldo incierto que movilizara el voto justiciero y patriótico, por ejemplo-, Kamala Harris, se convertirá en la primera mujer presidenta de la nación más poderosa del mundo, visibilizando las bases de un nuevo feminismo que ha entendido, por fin, que el empoderamiento de la mujer no solo se refiere a la aplicación de políticas de igualdad en términos de derechos, oportunidades y visibilidad, sino a la ostentación del poder.            

Pocas veces el feminismo ha defendido la liberación de la mujer a través del arrogo de poderío. Por considerarse tradicionalmente masculino, al hombre siempre se le han atribuido la habilidad ejecutiva, la transformación de la fuerza en derecho, el afán de dominación, la detentación de la norma, y las prerrogativas de poder y soberanía como algo natural e inherente a su condición de Zeus. En cambio, la mujer que resultaba ambiciosa y competitiva aspirando a los mismos privilegios, resultaba intrusa …y oscura. Teniendo en cuenta que Estados Unidos se sitúa en el puesto número cuarenta y tres del ranking mundial de brecha de género, si Kamala Harris resulta ser la próxima inquilina de la Casa Blanca, cabe preguntarse si sus votantes aspiran a que dada su condición de mujer ostente su cargo ejerciendo el poder desde su naturaleza femenina, o en si hemos trascendido ya más allá de las etiquetas estereotípicas de mujer/hombre como defendía la intelectual norteamericana Susan Sontag, superando la tragedia histórica de las existencias femeninas, listas para ser gobernantas, gerifaltes o mandamases, desenvueltas en un orden político y una jerarquía económica donde nuestros actos se traduzcan en órdenes históricas.                                                              

O, dicho de otra manera, ¿esperamos que a Kamala le tiemble el pulso- o se lo piense dos veces- si hay que bombardear posiciones estratégicas del enemigo, a sabiendas que las víctimas civiles serán mayoritariamente mujeres y niños, condicionada por la misericordia que descansa en la mística femenina? ¿presumimos que será más empática, más flexible, más predispuesta a lograr amplias mayorías y grandes consensos a la hora de gobernar por el hecho de ser mujer? ¿damos por hecho que ante diatribas inciertas, en última instancia, sus palabras se verán salpicadas por los cimientos de su identidad femenina? ¿condicionadas? La recién nombrada presidenta de la Asamblea General de Naciones Unidas, Helga Schmid, ha defendido que las mujeres son mejores negociadoras “porque han aprendido a imponerse desde una posición percibida de debilidad”. ¿A cuánto el kilo de presidenta y a cuánto el kilo de mujer?            

Objetivamente, la mujer pierde la conciencia de su feminidad con menos frecuencia que en el caso de un hombre, empezando por la apariencia sometida al escrutinio edadista, pero el pragmatismo de las políticas de Giorgia Meloni y sus amistades peligrosas- proeuropeísta guiñando un ojo a la ultraderecha y dejándose ver con Elon Musk-, la afrentas de Claudia Sheinbaum -invitar a Putin a su toma de posesión y no invitar a Felipe VI por ejemplo-, o el recién formado gobierno de la comisión europea encabezado por Ursula Von Der Leyen que no ha cumplido con las expectativas de paridad, ponen de manifiesto que en el ejercicio del poder, la ponderación del mérito individual a la hora de juzgar sus políticas no tienen tanto que ver con su pertenencia al sexo femenino, como con la subjetiva personalidad (única e intransferible) que vertebra la idiosincrasia del individuo.                                                  

Más allá de las cualidades presumibles en un líder político – liderazgo, visión estratégica, ejemplaridad e integridad-, si Kamala Harris pasa a la historia, deberá hacerlo más allá de su sexo. Solo un legado con capacidad de influencia en la posteridad, cimentado en sus capacidades para emprender políticas de Estado y enfrentar y resolver mayorías supuestas, dispuesto a construir alianzas entre republicanos y demócratas, apto para liderar una política exterior sólida en tiempos de incertidumbre, la librarán de ser, sólo, la primera mujer en convertirse en la primera presidenta de los Estados Unidos. No existe política sexual más feminista que esa.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».