LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Parchís

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El reciente anuncio por parte del gobierno de Dinamarca de incorporar a las mujeres al servicio militar obligatorio a partir del año 2027 visibiliza hasta dónde ha llegado la metralla feminista en las democracias liberales occidentales. Y es que entender que el alistamiento no es una cuestión de género, que llegado el caso, la mujer, resultaría ser llamada a filas, preparada e instruida para abrir fuego contra el enemigo como un soldado más, es- preparen lanzamiento- una bomba.                                             

Las mujeres que durante la Primera Guerra Mundial se limitaron a ser médicas, enfermeras, mano de obra forzosa -espías en algún caso-, cuando no víctimas colaterales viniendo a ser emigrantes, viudas, madres sin hijos, u objetivos directamente, como civiles muertas o heridas (carne de violaciones múltiples), jamás aspiraron a tanto. En un mundo donde el mismo día del anuncio del país escandinavo nos enterábamos que el Parlamento de Gambia estaba dando el primer paso para revocar la prohibición de la mutilación genital femenina eliminando la ley que protege a mujeres y niñas desde el año 2015, la noticia de nuestros vecinos europeos resultaba ser un hito sin precedentes. Una cantimplora, para quienes atravesando el desierto saben que no conocerán otra cosa.                                                                                                    

Cuando hablamos de feminismo, obviamos un factor de contextualización fundamental: la geolocalización. Pasar por alto que mientras en los países desarrollados el debate pasa por la igualdad de derechos y oportunidades, las políticas de conciliación y el acceso paritario a las estructuras de poder entre otras, en determinados países (no pocos, piensen que existen 90 democracias frente a 89 autocracias) las mujeres siguen siendo objeto de maltrato, abusos, intercambio y discriminación, entendiéndose como ciudadanas de segunda clase, cuando no “enfermedad”, por representar toda debilidad que el hombre tutela a base de opresión religiosa, dependencia económica y asfixiante jerarquía social, es cuanto menos insolidario. Fraude y podredumbre de políticas de kilómetro cero para quienes esperan de nosotras y de nuestras representantes, ejemplaridad y lucha sin tregua a través del altavoz de nuestras democracias y de nuestras instituciones.                                                                                                            

Ser mujer supone pertenecer a una ciudadanía más cara, asumir que el lugar de tu nacimiento determinará si resultarás ser susceptible de dote (o de lote) , circuncisión o burka, o ambas, o en si tendrás acceso a la educación, al derecho a voto y a la libertad. Sin adjetivo. La razón que sustenta la condición yerma de la mujer en el Tercer mundo sigue residiendo en el poder de los hombres y en la connivencia de las mujeres que habiendo trascendido las limitaciones de su género, aprueban con su inoperancia y su silencio la esterilidad de la mujer como individuo. Que te cambien por unas vacas- Tanzania- o una cabra- Afganistán-, que te manden a la selva a menstruar por impura- Nepal-, que interpreten que la violación dentro del matrimonio no existe- casi 59 países-, o que si eres oriunda de Irán, al cumplir los siete años, tengas la obligación de cubrirte el pelo con un velo, es el pan de cada día de muchas mujeres en el mundo y la hambruna intelectual de nuestras reivindicaciones.                                                                                          

Por eso a esas, y a esos, que a la pregunta de si se definen como feministas, titubean, o dicen no, malentendiendo el término, confundiendo el feminismo que reivindica la igualdad, con el “hembrismo” que remite a la supremacía de la mujer sobre el hombre (equivalente antagonista al machismo), les mandaba al frente de verdad para que se enteren de que va la guerra, y con un libro de paso, para que sepan de que va la historia. No argumentar desde una perspectiva de igualdad- humanidad si me apuran- resulta ser un insulto cuando la conquista de libertades pendientes es urgente de necesidad en un mundo donde la pobreza, el maltrato y la desigualdad siguen teniendo cara de mujer.                                                                                                                       

La primera responsabilidad de una mujer occidental, empoderada y “liberada” es protestar desde una perspectiva política que conduzca al cambio de la naturaleza del Estado. Quienes pudiendo hablar, se abstienen, sellan los labios de toda una comunidad de mujeres que presintiendo las balas de fusil atravesaron orografías inciertas con los pies descalzos esperando ser antes la carne de un cuervo que de un semejante.  

No duden. No callen. Entiendan el feminismo como lo que es, para que la próxima vez que pregunten, alcen la voz por todas las que nunca sabrán a qué sabe lo que nunca han dicho. Es una cuestión de vida o muerte.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».