LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Que yo lo bailo como ninguna

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En el friso de los cuarenta, voy sintiendo como dejo de pertenecer a un primer mundo de likes, como mis pechos después de dos embarazos parecen algo distinto con o sin sujetador ( con él puesto parece que me han costado 6.000€), como el poco tiempo del que dispongo de veras- sin hijos ni marido- lo quiero sólo para mí. Excavar un poco, por ver lo que queda sin el ruido de la ciudad, la exigencia profesional y el altavoz del espejo antes de que la arqueología haga el resto.

Las pretensiones de la edad y sus dictados ajustan la faja de la mujer desde tiempos ancestrales, y si no te has ceñido bien al rol que de ti se esperaba, resulta casi imposible no acabar en el colgajo. En ese trapo, en esa cosa rota o descosida que anda por las calles, invisible, porque ya no somos hembras sino mujeres. ¿Qué pasa cuando dejas de provocar erecciones y sólo levantas humaredas mentales? A un fulano mayor siempre se le supone una vida sexual, o al menos, la posibilidad de tenerla, pero a la cincuentona sólo se le presuponen el enchufe del ventilador para los sofocos de la menopausia y el Indasec si la cosa se pone peor. El rol de la feminidad en el último tercio de la vida, pretende que seamos legisladoras y continuadoras para nuestras hijas y sucesoras de su pertenencia al sesgo de la elegibilidad sexual para que casen bien y paran mejor, perpetuando la idea del “eterno femenino” para que nada cambie. Se insinúa que nuestro papel ha de ser el del acompañamiento en la crianza, el del aliento y sustento vital cuando las cosas vayan mal porque somos el bálsamo de la experiencia, el del calentamiento de las sillas de las cafeterías de viejas a cuatro cincuenta el chocolate con churros. Aspirantes a señoras de buena reputación con el prestigio de haber hecho de nuestros vástagos individuos de carrera universitaria y solvencia económica. Lo que la sociedad y los demás esperan de mí a partir de una determinada edad, me interesa tanto como la escobilla del váter.

“La mujer madura” está por reinventar. Cuánta mujer arrugada, desarreglada, con el pelo paja disimulado con el cardado de peluquería y las medias compresivas bajo la falda. Cuántas con vestido y zapatillas de deporte visibilizando la bicefalia de la etiqueta del trabajo y el dress code doméstico de extraescolares infantiles y compra rápida en el supermercado de barrio. Cuánta consumidora de renombre profesional agonizando sin ruido. Y qué bellas joder. Guapas para escándalo del sistema que nos desea jóvenes y delgadas para que ellos sigan bajándose la cremallera y encuentren la cena en la mesa cuando vuelvan de trabajar. Muditas, no vayas a tartamudear contando que no puedes más… Cuánta belleza en la falta de convención y consenso, en el rechazo al estándar, en la falta de obligación de ser de una manera determinada, en negarnos a comulgar con la pretensión de juventud eterna y equilibro emocional pase lo que pase. En el uso el altavoz para gritarle al mundo masculino que te importa un pito que miren o no, que gustes o no, o que evalúen tu trasero en términos de empotrador -con palitos de Playmobil encima-, porque los grilletes se han fundido en tu cabeza. Me he pasado la vida mirando a través de ellos y, hoy por hoy, su óptica me resulta sino prescindible, sí reciclable. Compost de urgencia vaginal si me apetece, porque yo lo valgo.

Tantos años escuchando Julio Iglesias para ser la musa del “Baila Morena” han acabado afectando a la trompa de Eustaquio y a la caja del tímpano. Me he vuelto sorda a las demandas masculinas y las únicas trompas susceptibles de atención verdadera son las de Falopio. Pretendo que los últimos treinta o cuarenta años de mi vida sean una oda a la libertad; una bandera que pueda ondear con los pechos al aire sin pretender ser la Marianne de nadie, porque soy, al fin, Delacroix.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».