
Cometemos una gran injusticia no situando el clítoris en el epicentro del mapa del placer femenino. Teniendo en cuenta que se trata de un órgano destinado única y exclusivamente al goce sexual, y que, atención, no tiene otra función que llevarnos al éxtasis, debiéramos proponer el día del clítoris como festivo nacional en el calendario morado.
Inmersas en una cultura falocéntrica dónde el nabo es el rey de la dieta saludable de la mujer sexualmente activa, se nos ha vendido la idea de que el clítoris es el hermano feo de la vagina, siendo el orgasmo vaginal, el auténtico y verdadero, cumbre de placer por antonomasia si hablamos del goce con mayúsculas. Que la autonomía del clítoris implicara la independencia sin referéndum masculino- configurándose como un destino indeseable para ellos pues no les necesitaba para vibrar-, es de primero de psicología. Desde el principio, su naturaleza autóctona y su vocación feminista iban en su contra, habiendo sido relegado a un segundo plano con premeditación histórica y alevosía cultural. Si la penetración no puede pretender una erección sin estimulación del pene, no debería tolerarse la desatención del clítoris, exigiéndose como primer paso de nuestro manual de instrucciones para montarnos. Qué equivocadas estamos por renunciar a poner los ojos en blanco teniendo tan clara la visión del pene. La lupa y el microscopio cuando se trata de enfocarles a ellos (hasta el detalle epitelial), y los catalejos para nosotras. De la función estrábica de la mujer cuelga siempre un cartel de “cerrado por obras”, pendientes de cualquier cosa, menos del interruptor.
Se nos ha educado en la creencia de que el orgasmo alcanzado mediante la estimulación del clítoris es menos orgasmo. Que la descarga de la excitación que sobreviene del orgasmo clitoriano es de segunda regional. Nos obligan a definirnos como clitorianas o vaginales entendiendo que si eres sólo lo primero, eres sexualmente incompleta debido a que tu respuesta orgásmica resulta parcial; y si eres vaginal, has llegado a la sofisticación sexual de la Cosmopolitan. Si no llegas como consecuencia directa de la entrada y salida del pene en tu vagina, dedícate al doblaje. Algo así. No ser capaz de alcanzar el orgasmo vaginal no significa no involucrar el ser completo, ni manifiesta ningún tipo de impotencia sexual. Lo mismo necesitas uno que aguante hasta los penaltis o, simplemente, tienes el útero retroverso y necesitas uno con un pene desviado- como la Torre de Pisa- que toque paredes interiores alteradas. El placer en clave femenina exige una coincidencia entre el estado interior y la situación externa, y eso suele suceder con la frecuencia de un eclipse solar. El resto, es paja.
La situación del clítoris en la parte superior de la vulva-en el exterior-, incita a una interpretación superficial por no involucrarse el interior del organismo dónde se supone operan las emociones y los sentimientos, reduciendo el goce proporcionado por él, a la utilidad de último recurso si no llegas. De propina, si lo has hecho tan bien que mereces igualdad. Qué naturaleza tan contradictoria la nuestra; teniendo una diosa entre las piernas, optamos por pasearla con un burka dejándola respirar por una rendija pudiendo llegar a ser el pulmón entero.
“Me vendaron los ojos. Una mujer me amarró las manos por detrás. Me abrieron las piernas y me agarraron los labios vaginales. Grité, grité, pero nadie pudo oírme. Entonces oí cuando dijeron: “la siguiente niña” y trajeron a otra”. Según cifras de Naciones Unidas, una de cada veinte niñas ha sufrido alguna forma de mutilación femenina. Hagámoslo por ellas. Que el goce de una sola mujer, sea el grito de todas las que pudiendo hacerlo nunca lo harán. Para que cada vez que nos toquen, o toquemos el botón, suene la alarma de todas.