LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Dancing Queen

Posted by

·

Aborrezco los selfis en todas sus modalidades. El grupal suele tener un pase por aquello de ser un animal social, pero el resto son fertilizante de sujetos abonados a la representación. “La sociedad del espectáculo” como diría Mario Vargas Llosa. Fenómeno, muy a su pesar sospecho, del que formó parte mientras anduvo con la Preysler. Pero eso ya es compost.

La fotografía emerge como una interpretación del mundo, como una gramática en sí misma. Aunque todas las fotografías son memento mori. Hacer una fotografía es participar de la mortalidad, de la despiadada arbitrariedad del tiempo y de tu futura disolución en el intestino de algún panzudo gusanito. Aunque si te queman es probable que acabes en un popurrí, porque aquello no tiene pinta de ser cien por cien orgánico. Pero eso que más da, si en algún momento pasado encarnamos la belleza que de nosotras se esperaba. Los perfiles de Meetic, del Whatsapp o de Facebook están llenos de fotos anacrónicas- de carrete y revelado- si perteneces a la generación Boomer, y de poses filtradas y retocadísimas, si eres Zeta o Millennial. Creo que “el natural” no existe. Como poco, hay que irse al Museo del Prado para contemplar una naturaleza, pero suele estar muerta.

Yo me pregunto qué sucederá cuando un mozo ligue con una Cenicienta, y llegada la medianoche, se vea desmontando el atrezzo: las extensiones de pelo, las pestañas postizas, el sujetador push-up, las uñas de gel y no sé qué más. Lo mismo se despiertan con una mujer de carne y hueso. Con lo fácil que era lo del zapato. Yo es que soy de versión original, porque lo único que pierdo son los tacones. El resto, es todo mío.

 Queda claro que las fotografías manosean la escala del mundo. Se recortan, se amplían, se trucan y se manipulan para gloria de Instagram. Y si estás ahí, es que existes (Descartes ha muerto). ¿Pues qué otra cosa procura una fotografía sino una prueba? El selfi garantiza la inmortalidad del apogeo del ego. Belleza de consumo rápido y digestión efervescente. Es el termómetro que mide la temperatura ambiente de la posmodernidad: el carnaval de vanidades mal entendidas. Pobre Kafka. Si supiera en lo que andan ahora los nuevos artistas del hambre, reescribiría la Metamorfosis. Porque a mí que no me vengan con filtros. Visto lo visto, me quedo con mi celulitis de serie, mis remangos epidérmicos de faja reductora y mi personalidad imperfecta. Para que cuando un fulano, después de haberse dado la vuelta porque quiere comprobar si lo de atrás encaja con lo de adelante como un puzzle, se pare a pedirme fuego, resuelva si la belleza que atrae coincide con la belleza que enamora. Esa, basada en tu gracia y en tu conversación, y en la manera en la que se dibujan tus hoyuelos al sonreír mientras hablas sin punto ni final porque aquello no acaba nunca. El cuerpo al servicio de la actividad cerebral y no al revés.

El día que un amigo mío me mandó al móvil la fotografía de los cincuenta años de Jennifer Lopez, lo tuve claro. Yo, a su edad, deseo que mi selfi sea un TAC Cerebral.

Seguro que suena ABBA.

Avatar de Naroa Gamazo

About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».