
Este mediodía, comiendo, he escuchado en una tertulia política a Pedro Sánchez afirmar a la pregunta de qué le parecía la canción española representante a Eurovisión, que “el feminismo es divertido y que por tanto este tipo de provocaciones tiene que venir necesariamente de la cultura”.
Se me ha atravesado el cerdo.
Decir que el feminismo es divertido, es afirmar que las encarcelaciones que padecieron las sufragistas británicas entre 1905 y 1914 – año en el que estalló la Primera Guerra Mundial-, sometidas a alimentación forzada “por la nariz, el recto y la vagina” como consecuencia de sus huelgas de hambre, fueron graciosas. Es entender, que el asesinato de Olympe de Gouges, revolucionaria y precursora del feminismo, artífice de la “Declaración sobre los derechos de la mujer”, guillotinada tras su publicación, estuvo bien. Es asegurar, que la lucha de Clara Campoamor por el sufragio de la mujer española– “Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer” – materializado por primera vez en las elecciones de 1933 (ilusiones democráticas que tardarían cuarenta años en volver hasta después de la muerte de Franco), estuvo entretenida. Es mantener, que el cese de la escritora Concepción Arenal tras la aprobación de la Ley de la imprenta en 1857 que obligaba a la firma de los artículos, fue ocurrente. Es sostener, que el veto a Emilia Pardo Bazán en la Real Academia Española porque “ahí no había sitio para señoras” fue chistoso. Es justificar, que el hecho de que casi no le concedieran el primer premio Nobel a Marie Curie por ser mujer, y el segundo, fuera motivo de discusión por publicarse que mantenía una relación, ya viuda, con un compañero más joven y casado, provocara risas y aplausos. Es calificar el “manifiesto de las 343” donde una lista de más de trescientas mujeres tuvieron el valor de contar públicamente que habían abortado, reclamando el derecho a un aborto libre y seguro – entre ellas Simone de Beauvoir y Marguerite Duras- de lo más cachondo. En Francia, de hecho, se bautizó como el manifiesto de “les 343 salopes”. O sea, las 343 zorras. Menudo descojono.
Ya lo decía Barthes, la tragedia es un grito ante una tumba mal cerrada. En Moncloa, como sólo suena el “Els segladors”, no se enteran de nada. Lo que ignora Pedrito, cantando bajo la ducha- un cachondo cultural-, es que está bailando con la hoz que hará caer sus espigas de oro en cuanto convenga al guadañero. Y ahí sí que te va a doler la mandíbula Pedro, Pedro, Pé.
El feminismo ha sido cualquier cosa menos algo divertido. La lucha por la conquista de las libertades femeninas ha sido la vida de muchas y la muerte de otras; la úlcera de todas las que pudiendo sanar, suprimieron sus propios deseos porque siempre estaban al servicio de los deseos de alguien más. Lo ajeno sobre lo propio aunque me cueste la vida. Todas heredamos una mujer, la “mujer repetida” y proyectamos otra atravesándola con nuestros actos y nuestros pensamientos, para que cuando venga alguno a hacernos la gracia, hablemos con la voz de aquellas que nos precedieron, a sabiendas de que nos toparemos con muchos enanitos aún, aunque ya no seamos Blancanieves.
Usted ha conseguido ser un mal presidente, pero ha demostrado ser aún peor persona. Sonría por favor.
Vaya, se ha quedado mudito.