LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

La onomatopeya de la oveja

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    La estadística del selfi y la aguja es indisoluta. No hay nada como hacerse una autofoto a plena luz del día, para levantar el teléfono y pedir unas vitaminas o un combinado, según el sexo. Hombre, de primeras, una mujer enarbolaría el discurso cabal: “Mierdas de influencers. De marquesinas de autobús. Yo soy una mujer real y no esas procesadas. Ahí revienten”. Y cosas así. Hasta que el fiambre se licúa hasta el pantalón, y ya en frío, y según el poderío, la oscilación se produce entre la jeringuilla y el escalpelo en el estatus medio-alto, y entre la crema de L´Oréal y la del Mercadona en el estatus proletario. En cambio un hombre, entraría en el primer bar a la vista y pediría un gin tonic. Así de simple. Teniendo en cuenta además, que tal shock anafiláctico nunca se lo produciría un autoretrato mañanero con la cara lavada (el killer de los selfies), su hígado no me preocupa.

    A mí que pierda la Real Sociedad, que estén realizando el mantenimiento web de “chaturbate” o que su preciado coche haga un ruido extraño, me empodera. Ruido que por cierto, sólo oye él. Yo es que una vez que he conseguido salir de casa con dos críos y arreglarme, en el asiento del coche, la única voz que escucho es la de Luciano. Perdón, Pavarotti. Para el resto de elementos masculinos presentes en el bólido, pongo el modo avión.

    Ellos no entienden que los móviles dotados de un sistema de cámaras de segunda generación con un gran angular, teleobjetivo y zoom óptico de acercamiento, son fábricas de poros abiertos y puntos negros. De narices en tres dimensiones y cejas demandantes de microblading. De aquelarres y Ku Klux Klan. Yo he pegado los espejitos de los asientos delanteros con Loctite. No digo más. Queda el retrovisor delantero, claro. Y el suspiro. Por eso cuando el maromo pregunta “¿qué pasa?”, con el selfi de la famosa de turno taladrando tu memoria fotográfica haciéndose un Porcelanosa cuando tú justo llegarías al Leroy Merlin porque tu piel es de baldosa industrial, te dan ganas de mirarle fijamente y decirle: Dracarys.

     ¿Tú te crees que son normales esas jetas posparto? ¿la tez esa de aspirado profundo, higienización con ozono y encerado Premium? ¿los cutis oriundos del Ártico, tipo inuit, como de haber estado en conserva los últimos veinte años? Pieles en formol y de pintor de cámara. Pobre Velázquez. Mi vecino, apellidado así, tiene un presupuesto con la Mari Carmen… ( el buzón, que lo chiva todo oye). Menudos morros. Ya se la veía que volaba alto. Cualquier día amanece envasada al vacío o en una tarrina gourmet de esas con bisfenol-A. Al tiempo y al supermercado.

             Lo suyo es respetar las leyes básicas de la herencia Mendeliana, acatar los estragos del tiempo como un principio sobre el que no cabe revolución, reverenciando la vieja costumbre de los siervos que caminaban tras los generales de la Antigua Roma, advirtiendóles ”recuerda que morirás”. Si ya lo decía Virgilio “tempus fugit” ( hoy estoy en plan Luperca).

             Bo(no)bos de manual, aspirantes de palo al olimpo de la belleza de consenso y digestión efervescente a beneficio de médicos y pastores de ganado.  

   -¿Qué va a ser?

   -Un gin tonic de Hendricks por favor.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».