LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Rotación ipsilateral

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La pulsión ansiosa y urgente de los ciudadanos puede medirse con precisión de meteorólogo en los pasos de cebra y en las autopistas. Basta con ceder el paso a un peatón, o en situarse en posición de adelantamiento detrás de un coche que entiende el carril izquierdo con vacilante subjetividad, para descubrir su armadura caracterológica. Su terminología, acuñada por el psicoanalista Wilhem Reich, se basaba en la idea de que las emociones se almacenaban en el cuerpo transformándose en rigidez y antisexualidad. Así que cuando piso el freno, sé perfectamente si el viscolátex lo utilizan en aras de mantener un equilibrio energético y molecular óptimo, o si los muelles aún entonan el “himno de la alegría” de Beethoven.

Los peatones suelen ser impredecibles y mi capacidad de reacción en consonancia. Es un hecho objetivo, que la distancia de seguridad entre el conductor y el viandante es menos amplia que en el cuerpo a cuerpo entre conductores, vehículo mediante, obligándome a calibrar en centésimas de segundo mi respuesta, teniendo en cuenta que controlan el lenguaje de signos y los subtítulos en lengua extranjera. Ejemplares de la raza humana superdotados, capaces de procesar la peineta metafórica con una simple mirada. Con esa mirada. La que sucede en el intervalo de la detención progresiva desde que presionas con el pie el pedal de freno, hasta la inmovilización completa del vehículo. Ese preciso instante, en el que se articula el significado y el significante.                                                                   Sólo se salvan los que levantan la mano. Los que sabiendo que su irrupción en un cruce de peatones sólo la percibiría una córnea de conductor profesional del Dakar salvando el ángulo muerto, se anticipan. Teniendo en cuenta además, la escasa visibilidad y tu predecible velocidad, es casi un milagro. Por decirlo gráficamente, si alzan el húmero, el radio y el cúbito a la vez, abandono la idea del homicidio imprudente. En cambio los que se precipitan sobre el paso de cebra móvil en mano, o directamente, contemplativos-los jubilados y los empanados-, con el paso del caracol común, convencidos de que pararás y cederás el paso porque son sus satánicas majestades escuchándose en un solo auricular, provocan en mí la temeridad de un conductor ebrio, huérfano de padre y madre, sin hijos y convaleciente de una enfermedad incurable y en estado terminal.           

Me los comería. A los justicieros, digo; llamados así por respetar los límites de velocidad como si estuvieran conduciendo bajo la atenta mirada de la autoridad examinadora sentada en el asiento del copiloto y la autoridad regional competente en transporte detrás, son el paladín de toda aseguradora. Ni siquiera el intimidante acercamiento de tu morro delantero a su morro trasero les disuade lo más mínimo de su trayectoria legalista, pudiendo ser donantes de puntos en vez de donantes de órganos, incólumes a tu mirada fija en su retrovisor interior esperando su identificación. Mi abuela solía decir que todo llega. Por lo pronto, su destino. Si llegado el desvío, mi hijo de seis años se encuentra en el asiento trasero, me limito a imitar a Robert de Niro con una flexión lateral del cuello hacía la derecha y a pronunciar la palabra “abogadooooo” en orden creciente; en cambio si la que se encuentra sentada en el maxi-cosi es mi hija de ocho meses, entonces acompaño la rotación del pescuezo con un gesto ancestral y efectivo y de interpretación universal: el dedo corazón levantado manteniendo la mano cerrada con el revés hacia fuera.

Me temo que Reich no entendió lo diabólico de la naturaleza humana.

Dadme un dedo y conquistaré el mundo. Incluido el del viscolátex.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».