LA VAGINA DENTATA

Columnas de pensamiento sin subtitular. Viscolátex y rechinar de dientes. Oraciones de sujeto sin predicado. Epinefrina intravenosa. Blancanieves y los siete infiernos. Estimulación cerebral mediante succión. Enajenación mental no transitoria.

Introducción a la toxicología

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La desazón se manifestaba en el segundo tercio de mi rostro pronunciando los paréntesis del surco nasogeniano a ratos jokerianos, a ratos infantiles si habían pasado por la toxina botulínica. Los días buenos proclamaba la República de la cana y las medias compresivas, y el resto, llamaba a la consulta de la clínica de medicina estética. Retoques y rellenos que cada vez costaban más mantener, metabolizaban antes y satisfacían menos. Igualito que el acto sexual. La acción de abrir los muslos y acceder a la penetración era un ejercicio de apnea.                                  

Aguanto la respiración cada vez que mi hijo trae de vuelta el plátano del colegio con restos de huevo Kinder incrustados sin posibilidad de colocárselo al Arcimboldo del salón. Dejo de absorber el aire hasta la tráquea cada vez que hay partido del Barça y decides trazar una frontera invisible hacia el resto del habitáculo como si de la Línea Maginot se tratara. Sufro de hipoxia intermitente dependiendo del cuñado o de la cuñada que me sienten enfrente, obligándome a darle al frasco para no atragantarme. Padezco síntomas de estrangulamiento antebranquial, si al entrar en casa, tu madre sonríe con la cochina satisfacción de haber accedido al intestino grueso, confirmando que respondo -literalmente- a las dos acepciones principales de la palabra “marrana”, según la RAE, viniendo a ser una cerda y una persona sucia y desaseada. En ese orden.

Pero si cuando llega mi cumpleaños, me regalas el libro equivocado porque en pretérito perfecto compuesto: “te has (des)interesado lo justo”, entonces se me para el corazón. Y aunque en el amago del paro cardíaco no me haya dado tiempo a hacinarte en el congelador confinándote en el invierno de nuestra relación, para mí, estás crionizado.

Tranquilo, me recuperaré. Entonces llamaré a la clínica para que me pongan un vial entero de ácido en los labios y pueda salir al primer bar a sentarme en la barra con un vestido strecht fit, y a la que me invites a la primera copa, girándome hacia ti con la única certeza de mi silueta de violonchelo vista a través del arco, entiendas perfectamente mi mensaje: soy tu felatriz.

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About me

Periodista, escritora y feminóloga. Agente de Igualdad. Autora de «Tratado sobre la nariz». Ponente y conferenciante. Traductora y jurado literario. Licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Máster en periodismo de televisión. Máster en Igualdad. Experta en «nuevas masculinidades» y «ciberfemenismos».